Venecia siempre ha sido un crisol de culturas y se ha beneficiado de los
influjos bizantinos, del arte Gótico oriental o de las relaciones con
Oriente. Podemos hablar en primer lugar de la familia Bellini, que
crean escuela, y se componen del padre, Jacopo, y los hijos Gentile y
Giovanni, que son cuñados de Mantegna, quien les enseña lo que él sabe de
composición y volumen. Pero para los venecianos lo importante es la
luminosidad, el color, los cielos azules y el retrato de las escenas cotidianas.
No creen en la figura individualizada como tal, sino más bien en el grupo, en la
armonía de un ambiente.
Giovanni Bellini empieza a definir su estilo en su obra La piedad, donde las
figuras de Cristo y de la Virgen se disponen en triangulo, que se refuerza con
los paños del traje de María, y al fondo se aprecian las construcciones de la
ciudad de Vicenza. Se difuminan los contornos, y se abandona el dibujo en
aras de la pintura en tonos.

La Piedad de Brera es la más original de todas sus obras, y es Giovanni Bellini
quien inaugura una línea que luego será propia de todos los pintores
venecianos, porque dan a la pintura un lenguaje distinto a la de otras artes, y
por eso se habla de "óptica véneta". Esto se aprecia claramente en el retrato
del Dux Loredan, que presenta estos caracteres que se han mencionado,
aunque atemperados con el grado de realismo que se exige a un retrato.
Aparece con la capa y sombrero de ceremonia, decorados con hilo de oro, y el
pintor recrea magistralmente la textura de la tela. Tiene influencias tanto de los
retratos de medio cuerpo clásicos como de los retratistas de los Países Bajos.
La iluminación es directa y la figura se recorta sobre un fondo azul, de
diferentes tonos.

El otro hermano, Gentile Bellini, pinta sobre todo hermosos cortejos y
procesiones en algo que los entendidos han caracterizado de género propio, y
en donde retrata a la perfección el ambiente veneciano. Este género se
apreciará especialmente con la llegada del Barroco. Cualquier tema es digno
de ser pintado, lo que importa es la maestría con que se realiza la pintura. Una
de sus obras más importantes es la Procesión de la Santa Cruz, donde relata
anécdotas de la Venecia que le toca vivir. Vemos como juega con las imágenes
arquitectónicas y al fondo es perfectamente reconocible la grandeza de San Marcos.

Trabaja en la corte de Constantinopla y pinta algunas obras para el sultán
Mehemet II, entre ellas algunos retratos.

Giorgone, a pesar de su temprana muerte, deja muchas obras importantes. A
través de Leonardo conoce el sfumato, y también domina la perspectiva, y de
Mantegna aprende la técnica del dibujo y del óleo. Pero en el uso del color es
seguidor de la escuela veneciana. Las resinas flexibles le permiten renunciar al
boceto previo, pintando ya directamente sobre el lienzo, con lo cual el trabajo
resulta más fresco y con mejores coloridos. En contra de los ambientes más
sombríos propios de Florencia, ganan los cielos luminosos de Venecia. Una de
sus primeras obras es la Madonna de Castelfranco, en donde a primera vista
se representa una de tantas "conversaciones sacras", pero si nos fijamos más
observaremos que hay una especie de tablado escenográfico para ocultar la
parte baja del paisaje y que a la vez sirve para entronizar a la Virgen y al Niño,
que quedan por encima de los personajes humanos: el fraile y el soldado. De
hecho nos damos cuenta de que no hay una verdadera conversación, sino que
la Virgen permanece en su trono, ausente de la escena.

La tempestad es una de las obras sobre las que más se ha escrito, sobre todo
porque no se conoce cual es exactamente su temática. Pero lo importante es
que es quizá la obra cumbre de su autor, que deja el camino abierto con su arte
a la genialidad de Tiziano. El verdadero protagonista de la obra es el paisaje,
pintado como ya hemos dicho, directamente sobre el lienzo, porque Giorgone
no usa bocetos. Se muestra una composición equilibrada, con tonalidades de
color que dan profundidad a la escena, y donde las figuras no son lo
importante, sino que lo que da ambiente al cuadro es la atmósfera densa que
anuncia el relámpago o el
comienzo de la lluvia. Por
eso los protagonistas se
miran entre sí, porque se
recoge ese momento de
incertidumbre en el que algo
va a cambiar. Otra obra del
autor es El concierto
campestre o la Venus
dormida, uno de los
desnudos más elegantes de
toda la Historia de la Pintura.
La figura está totalmente
integrada en el paisaje y
prima sobre todo la
naturalidad de las posturas y la valoración sensorial que se hace de la
anatomía femenina.
Y ya la última obra que vamos a mencionar de Giorgone es Los tres filósofos,
donde las figuras se insertan en la naturaleza y la luz resalta de manera
especial las tonalidades de sus trajes, creando algo parecido al sfumato
leonardesco. Las figuras se sitúan en distintos planos y el punto de fuga se
halla en el paisaje. Algunos expertos han interpretado este cuadro como una
alegoría a las Tres Edades del Hombre, y otros creen ver en estos personajes
a los Tres Reyes Magos.

Discípulo de la familia Bellini pero más todavía de Giorgione, es Tiziano. Llega
a estudiar también obras de los pintores florentinos, y aunque no tiene los
conocimientos de Leonardo o la gracia de Rafael, es un buen pintor
técnicamente, que ocupó un lugar muy importante en la sociedad de su tiempo
y cultivó a los más importantes personajes del momento. Pinta temas religiosos
como El altar de Pesaro o la Asunción de la Virgen, pero también es el gran
pintor de los temas profanos y mitológicos, como se demuestra en Amor sacro,
amor profano, donde aparecen dos mujeres, una vestida y la otra desnuda,
sentadas sobre u sarcófago, en clara alusión a la antigüedad. Aunque el cuadro
es en algunas de sus técnicas muy clásico, ya muestra una percepción sensual
del mundo en los vestidos, el colorido y el paisaje. La composición se divide en
porciones triangulares.
La Venus de Urbino es bastante similar a la de su maestro Giorgione, pues
ambas se encuentran tendidas en
diagonal sobre un lecho enorme, pero la
de Tiziano aparece despierta y su cuerpo
es más sensual. En este cuadro se rompe
el mito del desnudo, al igual que en La
Bacanal, con la figura de Ariadna. Tiziano
representa el pasado, reproduce un
cuadro que el sofista Filóstrato vio en el
siglo II con los habitantes de la isla de Andros durante una bacanal, celebrando
una fiesta en el río de vino a la espera de la llegada del barco del dios Dionisos
(Baco en la mitología romana), cuyas velas se ven en el horizonte. Los colores
usados por el artista son ricos y brillantes, los personajes se encuentran en
movimiento pero el juego de luces y sombras destaca de entre toda la
algarabía de personajes borrachos el desnudo femenino del primer plano. La
obra está concebida con un ritmo ondulante, solamente Ariadna escapa a ese
desarrollo rítmico. La sutileza con que están pintados ciertos personajes hace
pensar que Tiziano las copió del natural, algo habitual en su obra. La
profundidad del paisaje, con el barco en la lejanía, está delimitada por los
árboles que enmarcan la escena. El rico empleo del color y la iluminación
modulan todo el espacio, en el que las figuras aparecen enlazadas recreando
el movimiento y la alegría propios de estas fiestas.
Pero donde ya el tema del desnudo es tratado con total maestría es en el
cuadro Dáne, donde lo único clásico que queda es la leyenda en sí, y
observamos la misma dicotomía entre realidad y ensoñación que en "Amor
sagrado y amor profano". La criada que se sienta en el lecho de Dánae
contrasta con su ama y con el paisaje delicado que aparece al fondo.
Ya en otro tono distinto por completo, Tiziano también hace retratos a los
personajes importantes de su época, destacando el Retrato del emperador
Carlos V en la batalla de Mülhberg, donde además del parecido físico con el
modelo, el artista también busca el retrato psicológico del personaje, o los
Retratos de Paulo III y sus sobrinos, o el Autorretrato del Museo del Prado
Tintoretto fue discípulo de Tiziano, aunque se independizó bastante pronto.
Gran trabajador, se le atribuyen más de quinientas obras, y él mismo decía que
poseía el dibujo de Miguel Ángel y el color de su maestro Tiziano. Hay
historiadores que lo sitúan ya dentro de la corriente manierista, pero aunque no
lo sea, si abre camino a la corriente. No tiene ya el equilibrio sereno de Tiziano,
sino que el color y el diseño se manifiestan ya de una manera mucho más
pasional. Hace retratos a la manera veneciana, como el de Alvise Cornaro o el
de Sansovino . En los dos que hemos mencionado, se observan los mismos
contrastes de luz que en su cuadro La mujer que descubre un seno, con
gradaciones tonales de grises y plata. El tema mitológico lo usa para demostrar
que había captado las propuestas del manierismo, pero a la manera veneciana,
es decir, con luz y colorido, como se aprecia en el cuadro Venus, Vulcano y
Marte, donde contrasta la potente figura de Vulcano, con un desnudo realista, y
el desnudo erótico y elegante de Venus. De corte parecido son Las tres
Gracias y La fragua de Vulcano , con poderosas musculaturas. Hay en su
pintura gran libertad de movimientos, y usa atrevidos escorzos o puntos de
vista muy bajos.
Hace también obras de exaltación del poder, como el retrato del Dux Girolamo
Priuli, Dux Loredan ante la Virgen, La defensa de Brescia, y otros cuadros de
temática similar. Es un hombre muy religioso que vive la Contrarreforma y su
obra es testigo de la fe religiosa: El rapto del cuerpo de San Marcos, El
hallazgo del cuerpo de San Marcos, El Juicio Final, con una visión menos
trágica que la dada por Miguel Ángel. En la obra Susana y los viejos conjuga el
tema religioso con lo mitológico, y cuenta la historia de manera objetiva. Hay
una gran atención al desnudo femenino, y en un alarde de detallismo propio de
los maestros flamencos, describe concienzudamente los utensilios del baño.
Y ya por último el Veronés se mueve entre el clasicismo de Tiziano y las
composiciones de Tintoretto, con influencias manieristas.

Al revés que
Tintoretto, el Veronés es menos místico y su fe es más laxa, mostrando en sus
cuadros toda la alegría de vivir, mezclando con el tema religioso el mundo
humanista de lo mundano y lo elegante. Aprovecha las enseñanzas de Palladio
y mezcla en su pintura la arquitectura falsa. Adopta escorzos violentos,
posturas rebuscadas e incluso personajes un tanto extraños como enanos o
bufones. Hace obras mitológicas, como Venus y Marte atados por el amor,
Venus y Adonis. Y también tiene cuadros de temática religiosa, como Las
bodas de Canán y La cena en casa de Leví. Hay arquitecturas palladianas y
otras góticas. Una de sus obras más famosas es La presentación de la familia
de Darío a Alejandro, de temática clásica, y que también hace gala de falsas
arquitecturas. El colorido es manierista, aunque de una manera contenida.