Las tarjetas eran pintadas en un tamaño de 5 pulgadas de ancho por 7 de largo, el doble del tamaño al que serían publicadas.

Las técnicas más usadas eran la pintura de acrílico y aerógrafo y jamás podían ser firmadas, debido a una restricción de la compañía.
Ésta, además, se quedó en su poder con casi todos los originales.

De hecho, las únicas pinturas recuperadas fueron aquellas que debían ser corregidas y sólo así los autores pudieron mantener en sus manos algunos bocetos y pruebas de color.

De cada tarjeta se publicaban dos con distintos nombres -así, por ejemplo, la tarjeta 164 de la serie 4 se llama Teddy Bear en la lista A, y en la B se le llamó Salvatore Dolly- estrategia que además de original le aseguró a la TOPPS una ganancia calculada de aproximadamente 64 millones de dólares.
(recuento hecho cuando la serie apenas iba como a la mitad así que saquen sus cuentas).

Los artistas ocasionalmente proponían los nombres, pero era la compañía la que al final decidía cuáles se quedaban. El reverso de las tarjetas incluía chistes y pasatiempos con los sucios personajes de las series, y piezas que daban forma a un rompecabezas de los personajes más populares.

La serie se volvió un éxito inesperado para los TOPS.

La doble parodia -por un lado, la burla de los archifamosos CPK y por otro el juego con nombres propios; además del uso de un humor escatológico y gore pasaron la prueba del público gringo.

Algunas dulcerías de la época reportaban ventas estratosféricas en la etapa de mayor éxito de las Garbage. Algunas llegaban a vender la caja de 500 sobres por día.

El precio era de 50 centavos de dólar y el paquetito contenía 5 tarjetas y un chicle rosa con sabor a polvo y cartón duro.