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Marchando hacia el frente

Después de dos semanas de entrenamiento en campamento de instrucción, los soldados eran enviados al frente. Esto implicaba generalmente un recorrido de unos 60 kilómetros. Esto era por lo general una combinación de un viaje en tren y varias horas de marcha.

Los hombres se quejaban amargamente de la manera en la que fueron transportados a la primera línea. Como el soldado W. T.Colyer comentó: "No estábamos esperando viajar en primera o segunda clase en el tren, pero pensamos que podríamos tener una posibilidad razonable de una tercera clase . Resultó que se trataba de una séptima clase, es decir, en el limite de viajar casi como ganado". Vagones sin asientos y con un poco de paja en el suelo era todo lo que el ejercito les ofrecía. Otro comentó que la experiencia lo convenció de que: "El Ejército no tiene para nada consideración por los hombres "

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Bienvenido a tu nuevo hogar

La Gran Guerra se caracterizó por la falta de movimiento en los frentes. Claro ejemplo de este estancamiento fueron las guerras de trincheras desde otoño de 1914 hasta la primavera de 1918.
Después de ser transportados hasta el frente, debían acomodarse y adaptarse a su nuevo hogar , esto significaba que debían adaptarse a todas las implicancias de vivir en una trinchera

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Estructura de una trinchera

Las trincheras eran cavadas a 1 a 2 metros de profundidad y se conectaban con otras para mayor movilidad de los bloques de combate
Las trincheras nunca eran rectas, sino que se cavaban en un esquema dentado, que convertía la línea en segmentos conectados por travesías. Esto implicaba que un soldado nunca podía ver más de 10 m aproximadamente a lo largo de la trinchera. Con ello el enemigo no podría enfilar la trinchera completa si lograba ganar acceso a algún punto y si caía una bomba en alguna trinchera, la fragmentación no podría llegar muy lejos.

Ademas se colocaban sacos de arena en la parte superior de cada trinchera para protegerse de las balas y bombas enemigas. Por ultimo, colocaban alambres de púas frente a cada trinchera para detener el avance de cualquier soldado que intentara penetrar a la trinchera.

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Cuidado con levantar la cabeza

Durante el día los soldados estaban constantemente expuestos a los disparos de francotiradores desde las trincheras enemigas. Estos aprovechaban cualquier oportunidad de dispararle a algún desafortunado que asomara la cabeza sobre la trinchera.

Es por eso que tuvieron que desarrollar distintos mecanismos que les permitieran disparar sus fusiles y granadas sin levantar la cabeza por encima de la línea de fuego. Esos mecanismos podían parecer extraños pero eran muy efectivos.
Uno de esos métodos era el de disparar un complicado "fusil periscópico". Este mecanismo era un simple soporte de madera que sostenía un periscopio y un fusil que se disparaba tirando desde debajo de un hilo fijado a la cola del disparador.

Otro mecanismo fue el de dispara protegidos por escudos metálicos unidos al rifle. Era un método muy efectivo, aunque podía obstruir un poco la visión del tirador.

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Pequeños y molestos inquilinos

Había millones de ratas, algunas incluso del tamaño de un gato. Tenían que quitárselas de la cara y de las manos mientras dormían. Los soldados trataban de eliminarlas a disparos y con sus bayonetas, incluso hubo quienes, con la ayuda de perros, se especializaron en desratizar las trincheras.

Sin embargo era inútil. Las ratas, bien alimentadas de tanto cadáver, proliferaron a su gusto (una sola pareja de ratas puede producir hasta 900 descendientes en un año). Ellas produjeron también la infección y contaminación de los alimentos.

Un soldado escribió: "Las ratas eran enormes. Eran tan grandes que se comerían a un herido si este no pudiera defenderse. "Estas ratas eran tan audaces que trataban de tomar la comida de los bolsillos de los hombres dormidos".

Dos o tres ratas siempre se encontraban en un cuerpo muerto. Usualmente esta devoraban los ojos primero y luego encontraban la manera de entrar dentro del cuerpo.
Un soldado describió el hallazgo de unos cadáveres mientras patrullaba:. "Vi algunas ratas corriendo de debajo de los abrigos de los hombres muertos, ratas enormes y gordas. Mi corazón latía con fuerza mientras ayudaba a levantar uno de los cuerpos. El hombre tenia una cara despojada de carne, el cráneo estaba desnudo, sus ojos habían sido devorados y de su boca abierta saltó una rata ".

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Recuerda mantener tus pies secos

A veces, una simple lluvia podía dar lugar a todo un mar de lodo. Las trincheras se llenaban de barro. Si los soldados pasaban demasiado tiempo en una zanja llena de agua y la situación se complicaba con el frío, con inviernos extremadamente duros (a veces llegaban a -20ºC) el resultado eran los llamados "pies de trinchera".

Los soldados permanecían sin descanso en trincheras anegadas durante semanas a temperaturas muy bajas. Los síntomas aparecían cuando los pies se exponían durante periodos prolongados a los efectos de la humedad y el frío. La combinación de frío y humedad ablandaba la piel, causando la herida e infección del tejido.

Si no se trataba la enfermedad a tiempo, daba lugar a la gangrena, requiriendo la amputación del miembro. Los primeros síntomas eran: picazón, piel fría, dolor, entumecimiento y hormigueo. Posteriormente suele hincharse el pie y la piel se vuelve rojiza o azulada, con supuración o sangrado, como consecuencia de un aporte vascular pobre. Los soldados que utilizaban botas impermeables o muy apretadas, estaban expuestos a la enfermedad debido a la acumulación de sudor.

Hacia finales de 1915, y para tratar de combatir el pie de trinchera, los soldados británicos en estaban equipados con tres pares de calcetines y tenían órdenes de cambiárselos al menos dos veces al día.

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Fiebre de trinchera

Un problema común de los hombres en las trincheras eran los piojos Se utilizaron diversos métodos para eliminar los piojos. Uno de esos métodos fue de quemar los piojos con una vela, fue una técnica bastante efectiva, pero la habilidad de quemar los piojos sin quemarse la ropa fue sólo aprendido con la práctica.

Siempre que fuera posible el ejército organizaba a los hombres para que tomaran baños en tinas enormes de agua caliente, mientras que sus ropas eran puestas en máquinas de desinfección. Desafortunadamente, esto raramente funcionaba. Una buena proporción de los huevos de piojos se mantenía en la ropa y en dos o tres horas después de que los hombre se colocaran de nuevo sus ropas, estos incubaban.

Además de causar frenéticas ansias de rascarse, los piojos producían una enfermedad conocida como Pyrrexhia o "fiebre de las trincheras". Los primeros síntomas eran dolores punzantes en las espinillas, seguido por una fiebre muy alta. Aunque esta enfermedad no mató a nadie, hizo detener a soldados de la lucha.

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Una deliciosa comida
Una típica ración de comida para un soldado ingles o francés incluía: 567 grs de carne fresca o enfriada o 453 grs de carne conservada, 567 grs de pan, 85 grs de queso, 85 grs de azúcar, 14 grs de sal, 226 grs de vegetales frescos, 56 grs de vegetales deshidratados, 17 grs de te, 113 grs de mermelada , 0,56 grs de pimienta, 1,42 grs de mostaza,10 grs de chocolate.

Pero al aumentar el numero de tropas británicas y francesa la raciones de carne disminuyeron notablemente, llegándose a distribuir en la trincheras una sopa de guisantes con trozos de carne de caballo. El pan corrió la misma suerte debido a un racionamiento de la harina. Al final, cada hombre recibía diariamente 264 grs. de raciones de comida, lo cual nos hace sospechar que estos hombres eran verdaderos artistas del ayuno.

En una ocasión un camarografo de guerra observo en una trinchera inglesa a siete soldados formando fila esperando turno para que un suboficial les deposite en sus tarros una ración de guiso, el cual extraía con un cuchillo de mesa de una olla que minutos antes se calentó a Baño Maria. Uno simplemente se tiene que imaginar la cantidad de guiso que se puede apelmazar sobre la hoja de un cuchillo de cocina para darse cuenta de las condiciones en las que vivian estos hombres.

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Con la moral baja

La vida en las trincheras era agotadora en muchos aspectos, no sólo en lo físico, sino también en lo moral. Era muy aburrida y se vivía todo el tiempo con el temor a la muerte. Cada día morían centenares de compañeros; los soldados estaban cara a cara con la muerte.
No solo estaban expuestos a los bombardeos y disparos del enemigo sino también a la inhalación de gases tóxicos y corrosivos.

A veces, por la falta de tiempo y recursos los cadáveres se no trasladaban para ser enterrados, simplemente se apilaban y se descomponían frente a las trincheras. La falta de sueño y el cansancio desmoralizaban a las tropas.
Los soldados se sentían deprimidos, agotados, apenas con ánimos para vivir y seguir luchando.

Se ha estimado que hasta un tercio de bajas aliadas en el frente se produjeron en las trincheras. Y es que, aparte de las producidas en combate, las enfermedades también fueron una pesada carga.
Vivir mal alimentados, casi siempre mojados y embarrados, enterrados en lugares reducidos y en una tierra tan fría y húmeda como el Norte de Francia y el Sur de Bélgica causó muchos millares de bajas debido a la gripe, pulmonía, tuberculosis, disentería y a todo tipo de enfermedades contagiosas propagadas por piojos, pulgas, ladillas y ratas.

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Matando el tiempo

Durante los momentos de calma los combatientes podían pasar el tiempo durmiendo debido a el excesivo cansancio. Si el tiempo lo permitía se podría escribir cartas a casa o leer su propio correo. Algunos podrían ser enviados a la parte posterior de la trinchera para recoger las raciones de comida – si cualquiera estaba disponible. Las trincheras podían necesitar reparación o limpieza de escombros y ,por supuesto, debían remover los cuerpo de sus compañeros.

Sus armas necesitaban ser limpiadas constantemente para evitar que se atasquen. Y en muchas ocasiones ellos jugaban, cantaban canciones y hablaban sobre sus hogares mientras compartían cigarrillos. Aunque todo esto dependía de las condiciones meteorológicas, ya que las tropas podrían pasar semanas hasta las rodillas en el barro.

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Cuidado con las heridas

La atención médica fue un verdadero problema durante la Primera Guerra Mundial. Los servicios médicos eran primitivos, y los antibióticos todavía no se habían descubierto. Heridas relativamente pequeñas podían ser mortales por culpa de infecciones y gangrena. Los alemanes registraron que un 12% de las heridas en las piernas y un 23% de las de los brazos ocasionaban la muerte del herido, principalmente por infección. Los estadounidenses constataron que el 44% de las bajas que desarrollaron gangrena terminaron muriendo. La mitad de los heridos en la cabeza murieron y sólo un 1% de los heridos en el abdomen sobrevivieron.

Tres cuartas partes de las heridas ocasionadas en la guerra procedieron del fuego de artillería. Las heridas de ese tipo eran normalmente más problemáticas que una herida de bala: la herida era menos limpia y tenía más probabilidades de infectarse. Esto triplicaba la probabilidad de muerte por herida en el pecho cuando la herida era de artillería. Además, la explosión de artillería también podía matar a través del traumatismo provocado por la onda expansiva. Por último, a las heridas físicas se añadían los daños psicológicos, siendo muy habitual el trastorno por estrés postraumático en el caso de personas que hubiesen soportado un bombardeo prolongado.

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Afina tus oídos

Cada día, cientos de proyectiles de artillería caían en las trincheras. La artillería dominaba el campo de batalla en la guerra de trincheras y los hombres debían aprender a reconocer los distintos tipos de artillería con los que los atacaban , para así saber cuando echarse al suelo para cubrirse.

Además de disparar a la infantería enemiga, la artillería se enzarzaba en batallas con el enemigo para intentar de destruir sus baterías de cañones.
La artillería disparaba principalmente bombas de fragmentación, explosivas o de gas. Los británicos también experimentaron con bombas incendiarias que hiciesen arder los bosques y las ruinas.

Los tipos de artillería eran de dos clases: cañones y obuses. Los cañones disparaban balas de alta velocidad sobre una trayectoria plana y a menudo se utilizaban para lanzar bombas de fragmentación y cortar la alambrada enemiga. Los obuses lanzaban el obús sobre una trayectoria alta, de forma que cayesen contra el suelo. Eran la artillería normalmente de mayor tamaño: el obús alemán de 420 mm pesaba 20 t y podía lanzar un obús de una tonelada a una distancia de 10 km.

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Un merecido descanso

Después de pasar su estadía en el frente los hombre eran relevados y pasaban a cumplir otras actividades. Algunas relacionadas con el ejercito, como por ejemplo, el apoyo en el transporte de suministros y munición. También se les otorgaba permisos para poder retirarse temporalmente del frente y pasar tiempos de ocio.

El tiempo que pasaba un soldado concreto en el frente era normalmente breve; desde un día hasta dos semanas antes de ser relevado. El tiempo que dedicaba al año un soldado se podía dividir de esta forma:

15% línea del frente
10% línea de apoyo
30% línea de reserva
20% resto
25% otros (hospital, viajando, permisos, entrenamiento, etc.)

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