El oso pardo, una de las ocho especies de osos que viven en el planeta, puede considerarse, a escala global, como uno de los mamíferos con una mayor área de distribución mundial y también como uno de los grandes carnívoros con una situación más próspera.

El oso pardo ocupaba originariamente la práctica totalidad de Europa y Asia, gran parte de la mitad oeste de Norteamérica y algunas zonas de Oriente Próximo y del Magreb.

Y aunque esta área se ha ido reduciendo progresivamente en los últimos siglos, todavía es muy extensa, hasta el punto de que en ella se estima que aún habitan entre 200.000 y 250.000 ejemplares, un número realmente notable para un carnívoro de su talla.

Los osos pardos ocupan una gran variedad de hábitats, desde semidesiertos fríos, como sucede en el Gobi (Mongolia), hasta zonas costeras o la tundra ártica, como ocurre en Alaska.

Sin embargo, su hábitat preferido es el forestal, por lo que se trata de uno de los mamíferos más característicos de los extensísimos bosques de coníferas de la taiga siberiana o escandinava, de los bosques mixtos del este de Europa y de los Pirineos, o de los bosques caducifolios de hayas, robles y abedules de la Cordillera Cantábrica.

Las pequeñas poblaciones de osos que resisten en la Europa occidental están vinculadas a los macizos montañosos más agrestes, donde el acoso humano es menor.

La enorme extensión de su área de distribución y la gran diversidad de factores ambientales a los que se han adaptado (hábitat, disponibilidad de alimento, clima) han provocado que los osos pardos se encuentren entre los mamíferos que presentan una mayor variabilidad en sus datos biométricos.

Los osos ibéricos están catalogados entre los osos pardos más pequeños, con un peso que en los machos puede superar los 200-250 kg, lejos de los gigantes que habitan en la península rusa de Kamchatka, y los que viven en Norteamérica en la isla de Kodiak y en las costas cercanas de la península de Alaska, que pueden tener hasta 3 m de longitud y 700 kg de peso en los ejemplares más grandes.

Estos osos pardos están considerados no sólo los osos de mayor tamaño, junto con los osos polares, sino también los mayores carnívoros terrestres del planeta.

Debido a esta extraordinaria variabilidad en su aspecto externo, sobre todo en lo que se refiere a tamaño y color, algunos especialistas diferencian un gran número de subespecies o variedades.

No obstante, se considera que todos los osos pardos europeos pertenecen a la misma subespecie: Ursus arctos arctos.

Recientes análisis de ADN procedentes de osos antiguos indican que, incluso durante la época de mayores fríos, pudo haber una población prehistórica de osos pardos continua desde el este de Europa hasta la Península Ibérica.

En España, junto a Italia y Francia, viven las poblaciones europeas de oso pardo más amenazadas. Los osos ibéricos están en peligro de extinción y se enfrentan a constantes amenazas causadas por el pequeño tamaño de sus poblaciones.

Las más importantes son la muerte de osos causada por personas, la pérdida y fragmentación del hábitat y la baja diversidad genética de los osos cantábricos.

En España quedan dos poblaciones de oso: una de ellas se localiza en la Cordillera Cantábrica, con dos subpoblaciones bien diferenciadas, y la segunda, compartida con Francia y Andorra, se localiza en los Pirineos.