Como comandante en jefe del Ejército de Reserva, Himmler se propuso aprovechar las posibilidades de la guerra de guerrillas a partir de otoño de 1944, coincidiendo con el retroceso del frente al territorio original del Reich. Himmler habló por primera vez de los hombres-lobos el 28 de octubre 1944 en la Prusia Oriental ante los miembros de la Volkssturm. Se inspiraba sin duda en la novela de Hermann Löns, donde se describe la lucha de los partisanos campesinos de la Guerra de los Treinta Años. A mediados de setiembre de 1944, Himmler nombró a Hans Prützmann, entonces general de división de la SS, "Inspector General para la Defensa Especial", adjunto al jefe de la SS. Prützmann, que como alto mando de las SS y jefe de la policía de la rusa meridional, ya tenía experiencia en luchar contra los partisanos, perfeccionó la táctica de la lucha en pequeños grupos en escuelas para mandos. Para su institución se utilizaba el libro "Hombres- lobos. Aviso para las unidades de caza".

El SS Obergruppenführer Hans-Adolf Prützmann

En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, cuando todo estaba perdido para Alemania, los nazis planearon una campaña de envenenamiento de salchichas, chocolate y nescafé. Según revelan archivos históricos británicos, una red de sabotaje nazi, nucleada en torno a la organización Hombres Lobo, planeaba una virtual guerra de guerrillas con métodos parecidos a un James Bond germano de la época.

El archivo de documentos altamente confidenciales del MI5 –el servicio secreto interior británico– revela que, preparándose para la derrota de Adolfo Hitler, los Hombres Lobo planeaban dejar la comida y el café envenenados para que los aliados los consumieran al tomar Alemania. Pero a esta estrategia primitiva de ataque se sumaba otra mucho más sofisticada que parece salida de la imaginación de Ian Fleming, el creador de James Bond.

Documentos desclasificados del MI5

La organización planeaba el uso de mecheros que despidieran gases letales, venenos disfrazados de aspirina, y guerra bacterial con los microbios que despedían armas escondidas en los espejos de cartera de agentes femeninos.

Aspirinas y cigarrillos

Algunos de los métodos tenían varios pasos. La aspirina se ofrecía luego de convidar a un cigarrillo que daba dolor de cabeza: el veneno tardaba 10 minutos en causar la muerte. Estaba también la pastilla «explosiva» dejada en las mesas y que explotaría al menor contacto con un vaso. El plan contemplaba también el uso de polvos venenosos diseminados en las manijas de puertas, libros y escritorios.

Los archivos revelan que el MI5 obtuvo esta información de cuatro agentes alemanes caputrados en el norte de Francia en marzo de 1945. Gracias a esa información, los aliados tomaron especiales cuidados en la Alemania ocupada. Las tropas británicas tenían terminantemente prohibido el consumo de comida y cigarrillos alemanes bajo «severas penas» durante el avance por Alemania en 1945. Los documentos desclasificados registran que Lord Rotschild, jefe entonces del MI5, hizo analizar chocolate y nescafé en poder de fuerzas alemanas para probar si había veneno. Por su parte, el Doctor Bruce White, del Instituto Nacional de Investigación Medica británica, aconseja en uno de los documentos «hacer probar el chocolate a un mono», pero ahí se detiene la revelación de los documentos: no se sabe si alguien llevó a cabo el experimento.

Ayer el profesor Christopher Andrew, historiador oficial del MI5, que supervisó la desclasificación de los 180 documentos, reconoció que hoy todo esto parece imposible. «En la época era perfectamente lógico pensar que después de la victoria aliada quedaría un movimiento clandestino nazi que continuaría con su guerra secreta», señaló Andrew.

Los Hombres Lobo dependían de las S.S. y la Juventud Hitleriana y operaban como una guerra de guerrilla en las fronteras del Tercer Reich, ocupadas por las fuerzas aliadas en el otoño de 1944. En esa época contaba con unos cinco mil miembros, pero la primavera de 1945 sus números se ampliaron cuando el Partido Nazi y el ministerio de Propaganda lanzaron una llamada a la resistencia popular.