"Va a llover porque me duele la rodilla", habrás oído decir a algún familiar. Javad Parvizi, del hospital universitario Thomas Jefferson de Filadelfia (EE UU), ha demostrado que los sujetos con dolores articulares pueden experimentar fluctuaciones en el nivel de dolor cuando se producen pequeños cambios en la presión barométrica, lo que les permite identificar cuándo se avecina una tormenta o un chaparrón. "Este fenómeno no está en la cabeza del paciente; hacia ciencia que lo respalda", asegura Parvizi.

El dolor articular asociado a fenómenos meteorológicos aparece sobre todo en pacientes con artritis reumatoide y osteoartritis, y es común en las caderas, las rodillas, los hombros, los codos y las manos. Las articulaciones contienen nervios sensoriales llamados baro-receptores que responden a cambios en la presión atmosférica. Sobre todo reaccionan cuando desciende la presión atmosférica, lo que significa que la atmósfera para de seca a húmeda, como cuando está a punto de llover.

Cruzar los brazos alivia el dolor tras un golpe

Una investigación del University College de Londres (Reino Unido) revela que cruzar los brazos después de sufrir una quemadura o recibir un golpe alivia el dolor. Según explican los autores del estudio en la revista Pain, al cruzar las extremidades superiores sobre el cuerpo el cerebro se confunde acerca del origen del dolor. La estrategia es especialmente efectiva cuando el dolor se siente en las manos, afirma Giandomenico Iannetti, responsable del estudio.

Para llegar a esta conclusión, Iannetti y sus colegas trabajaron con una decena de sujetos a los que se provocó dolor usando un láser durante milisegundos, sin tocarlos. Las personas analizadas clasificaron la intensidad del dolor que sentían, y al mismo tiempo se midieron las respuestas eléctricas del cerebro a través de electroencefalogramas. Los resultados arrojaron que el dolor era menor cuando los brazos estaban cruzados sobre la parte media del cuerpo.

Los investigadores lo atribuyen a la información conflictiva entre los dos hemisferios del cerebro. "Cuando cruzamos nuestros brazos, los dos mapas no se activan simultáneamente, y el procesamiento de la información sensorial se vuelve menos efectivo, incluyendo el dolor, que se percibe con menos intensidad", aclara Iannetti.

El estudio podría conducir a nuevas terapias para tratar el dolor "confundiendo" al cerebro.