El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF) estima que alrededor del 34% de los cánceres se originan en los hábitos y el estilo de vida, incluyendo la dieta. Pero la buena noticia es que numerosos estudios identificaron varios alimentos que pueden ayudar a combatir la enfermedad. El sitio ivillage.com los agrupó en un listado:

1) Brócoli

Protege de: varios tipos de cáncer, incluidos los de mama, pulmón, colon, próstata y vejiga.

Por qué funciona: se cree que el sabor ligeramente amargo del brócoli, los repollitos de Bruselas y la coliflor está relacionado con ciertos "poderes" anti-cáncer. En estudios de laboratorio, los químicos isotiocianatos y glucosinolatos demostraron interferir con la progresión de la enfermedad.

2) Té verde

Protege de: muchos tipos de cánceres, incluidos los de estómago, vejiga y colon.

Por qué funciona: contiene EGCG, un potente antioxidante que puede detener el daño a nivel genético y que, en estudios con animales, demostró limitar la formación de tumores. El té verde es más bajo en cafeína que el té negro o el café, pero si se toma en grandes cantidades puede causar problemas como náuseas y dificultad para dormir.

3) Ajo

Protege de: varios tipos de cáncer, incluidos los de estómago, colon, boca y garganta.

Por qué funciona: los compuestos que generan el olor característico del ajo son potentes agentes anti-cáncer. Para obtener su máximo rendimiento hay que cortar o aplastar el diente y comerlo crudo o apenas cocido. Todos los alimentos de la familia de la cebolla, incluidos los puerros y los echalotes, brindan beneficios similares.

4) Tofu

Protege de: cánceres de mama y próstata.

Por qué funciona: las isoflavonas contenidas en los granos de soja pueden ayudar a bloquear los efectos de los estrógenos más fuertes, lo que reduciría el riesgo de padecer cánceres relacionados con hormonas. Otros alimentos de soja también ofrecen protección, pero si está muy procesada (como en los suplementos) no ha demostrado ser eficaz.

5) Pescados grasos

Protegen de: cáncer de próstata.

Por qué funcionan: los ácidos grasos omega-3 contenidos en pescados como el salmón, la caballa y el atún pueden ser aliados de la salud masculina. Tienen propiedades anti-inflamatorias que reducirían el riesgo de sufrir cáncer de próstata.

6) Cereales de granos enteros

Protegen de: cáncer de mama y de colon.

Por qué funcionan: los granos enteros son ricos en compuestos que se han relacionado con un menor riesgo de tener cáncer. Estos "poderes" se encuentran en el salvado, la avena y la granola. Lo mejor: elegir versiones bajas en sal y en azúcar.

7) Yogurt

Protege de: cáncer de mama y de colon.

Por qué funciona: los probióticos, bacterias beneficiosas que se encuentran en el yogurt, promueven la salud digestiva y pueden aumentar el rendimiento del sistema inmunológico. En estudios realizados en animales, su ingesta regular demostró aumentar los niveles de componentes anti-cáncer, como el interferón.

8) Naranjas y zanahorias

Protegen de: cáncer de pulmón, entre otros.

Por qué funcionan: las naranjas y las zanahorias son ricas, respectivamente, en vitamina C y antioxidantes betacarotenos. Los antioxidantes ayudan a neutralizar los radicales libres, moléculas que causan daños que pueden generar cáncer. Conviene incorporarlos directamente de las frutas o verduras, ya que tomarlos en forma de suplementos no ha demostrado tener efectos protectores.

9) Semillas de lino

Protegen de: cáncer de mama y colon.

Por qué funcionan: contienen lignanos, estrógenos vegetales que pueden alterar el metabolismo de los estrógenos naturales y proteger contra el cáncer de mama. Además, estudios de laboratorio sugieren que algunos de sus componentes (los lignanos, los ácidos grasos omega-3 y la fibra) ayudarían a prevenir el cáncer de colon.

10) Salsa de tomate

Protege de: varios tipos de cáncer, incluido el de próstata.

Por qué funciona: contiene licopeno, un potente limpiador de radicales libres. Por eso, los hombres que consumen muchos productos con tomate tendrían un riesgo menor de sufrir cáncer de próstata. Curiosamente, los efectos son mucho mayores cuando los tomates se han cocinado (y se preparan, por ejemplo, en salsas) que cuando se comen crudos.